• Abrirle las puertas al cambio

    Existe una máxima que dice que lo único constante es el cambio. Esto cobra aún más valor en el mundo de hoy, el cual evidencia importantes cambios en lo político, económico y social a un nivel más acelerado del que se conoce en la historia global. República Dominicana no es excepción a ello y eso está presente ante la vista de todos. Los paradigmas que se han conocido durante los últimos 30 años van perdiendo vigencia y entramos en una nueva era que nos trae grandes desafíos, pero al mismo tiempo, grandes oportunidades para el desarrollo sostenible de la nación, traduciéndose en mayor prosperidad para las mayorías.

    Evidentemente, saber adaptarse al cambio es fundamental, pues no podemos aplicar soluciones de los años 80 del siglo pasado a los retos que tendremos en la tercera década del siglo XXI. Sin embargo, a lo largo de la historia de la humanidad, hay ciertos valores de la sociedad que por sus frutos de éxito en diversas partes del mundo, han sido aceptados como esenciales para el fortalecimiento de un país.

    Por paradójico que suene, al mismo tiempo que nos adentramos en este mundo que nos toca vivir, debemos mantener con nosotros el pensamiento tradicional que durante siglos ha significado una apuesta a lo mejor. Por ello, cuando hablamos de reencontrarnos con los principios que dieron razón de ser a los trinitarios, nos referimos a dar continuidad a aquel sueño de una república institucional.

    Nuestros fundadores sabían que de poco serviría el liberarnos del yugo extranjero si en sustitución de este, se establecía el despotismo criollo. Por el contrario, lo que Duarte nos propuso en su proyecto de Constitución, era una República descentralizada, con un gobierno fiel a sus funciones como regulador, cercano al pueblo, proveyendo a sus ciudadanos del marco institucional para el libre desarrollo. Una visión que 174 años después sigue siendo la que ha permitido el crecimiento sustancial de la prosperidad en los países que han asumido un consenso en torno a ella.

    Por eso, cuando declaramos que los valores institucionales son el mejor mecanismo para satisfacer las necesidades materiales, simplemente afirmamos lo que un examen cuidadoso del mundo real ha dicho que es la verdad. Cuando decimos que es malo para el Gobierno gastar más de lo que recauda, simplemente es mostrando el mismo sentido común que nos dice que si llueve, debemos buscar refugio.

    Y cuando suscribimos el pensamiento de Duarte de que el gobierno que está más cerca del pueblo es el mejor, es porque sabemos que el Padre de la Patria arriesgó su vida, su fortuna y su sagrado honor para asegurarse de que lo que él y los trinitarios aprendieron de la experiencia no fuese aplastado por modelos fallidos.

    Por ende, nos toca ser leales con esos valores eternos que son los que nos abrirán las puertas del siglo XXI en que finalmente logremos hacer real ese sueño original con el pensamiento puesto en Dios, la Patria y la Libertad.

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