• Ito Bisonó: El país verde lo construimos todos

    Uno de los mayores activos con que cuenta nuestra nación son los paradisíacos paisajes, los cuales han enamorado a ciudadanos de todas partes del mundo, colocándonos entre los principales destinos turísticos de hoy. Sin embargo, sería un error creer que todo esto lo tendremos garantizado para siempre sin importar lo que hagamos. Por el contrario, si queremos que se mantengan, debemos poner todo de nuestra parte, cuidando ese patrimonio de la humanidad para pasárselo a futuras generaciones.

    Recientemente, cargamos con la vergüenza de ver cómo el mundo se escandalizó con las imágenes de nuestro mar, repleto de basura. Desde luego, esto nos hace bajar la cabeza apenados, pero lo importante es que sirva también para levantarla con determinación de actuar para impedir que semejante imagen vuelva a repetirse. Más allá de cualquier debate de índole electoralista, urge que tengamos una conversación real y sincera sobre el cuidado de nuestro medio ambiente. De este depende buena parte de nuestra salud e incluso nuestra economía, por lo que continuar descuidándolo implica condenar a nuestra población a enfermedades evitables, así como aumento de la pobreza al obstaculizar una de las actividades que crea más empleos en el país, como lo es el turismo.

    Durante décadas hemos visto la diferencia visible de la naturaleza al sobrevolar la isla Hispaniola, lo que permite notar muy claramente cuál lado es Haití y cuál lado es República Dominicana. Esto fue incluso resaltado por el afamado ecologista y geógrafo, Jared Diamond, quien en su obra “Colapso: Cómo las Sociedades Deciden Fracasar o Triunfar” detalla lo que ya muchos sabemos, que si nuestra nación ha logrado destacarse entre los vecinos, ha sido precisamente porque tradicionalmente hemos dedicado mayores esfuerzos a la protección del medio ambiente.
    Sería una triste ironía que abandonemos lo que ha sido parte de nuestra identidad patriótica por una falta de compromiso con los mejores valores. De la misma manera en que el Presidente Balaguer hace medio siglo tuvo la voluntad política necesaria para prohibir los aserraderos, hoy día urge actuar con responsabilidad para enfrentar este reto. Quizás puede parecer más fácil dejar hacer y pasar cuando de medio ambiente se trata, pero esa mentalidad solo conlleva un daño duradero del cual cuesta mucho recuperarse. Al igual que con otros desafíos, lo que proponemos va más allá de combatir los efectos, poniendo la vista en las causas. Propongo, y así haré, al mismo tiempo aplicar la ley sin titubeos a la hora de sancionar a quienes dañan nuestro ecosistema, dedicaremos los recursos necesarios para la educación ambiental, fortaleciendo alternativas sostenibles a los hábitos de una parte de la población.

    Para ello, hace falta la confianza ciudadana que solo se logra cuando hay un esfuerzo reconocido como serio, dando el ejemplo desde todos los poderes del Estado, incluyendo desde luego al municipal. Así, evitaremos que en un futuro se pregunten cómo fue que dejamos perder una de las mayores bendiciones sobre la tierra como lo es este paraíso que llamamos hogar.

    Mi #ColumnaOpinión en @ElCaribeRD

     

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