El Víctor (Vitico) Bisonó que yo conocí

Corría el mes de diciembre de 1960. Yo contaba con 23 años. Viajaba a Italia, con mi pasaporte dominicano, para desde allí, “amarrar algunos detalles secretos convenidos” y regresar a la isla de Saint Thomas con un pasaporte venezolano, con nombre cambiado, que me había facilitado la embajada venezolana en los Estados Unidos por gestión de mi amigo, casi hermano, Yuyo D’Alessandro, para facilitar mis viajes secretos por Venezuela y las Antillas menores.
Le había puesto un telegrama a mis amigos José Horacio Marranzini (Sancocho) e Ivonne Haza, dos semanas antes, para que pusieran a Ciudad Trujillo un telegrama con el siguiente texto: Arturo Despradel; Bolívar 161; llegué bien; iniciaré gestiones para inscribirme en la universidad. Los quiere, Fidelio.
Aquello no era más de un intento de engañar al SIM y quitarle la inmensa presión que ejercían contra mi padre, ya que habían descubierto mis viajes secretos por Venezuela y las Antillas, en gestiones de la lucha contra la fortaleza trujillista.
Ivonne me presentó a Vitico, e inmediatamente, a pesar de las intensas discusiones por los puntos de vista disimiles que teníamos en aquel momento, surgió una amistad sincera entre nosotros.
Vitico hablaba mucho pero solo lo que le convenía. En los pocos días que pase en Europa nos vimos una gran cantidad de veces, y cuando él descubrió que iba a ausentarme, sin preguntarme mis motivos, pero sospechándolos, me regaló tres libros de Vladimir I. Lenin “para que me instruyera”: El Qué Hacer; Dos tácticas de la Socialdemocracia en la Revolución Democrática, y Un paso Adelante y dos pasos atrás.
Luego, en un segundo viaje, ya había leído los libros y nos hicimos verdaderos amigos.
Me ausenté de Europa con el mismo sigilo que había venido, pero esta vez con el conocimiento de que dos días antes habían ajusticiado a Trujillo.
Luis Gómez, José Frank Tapia, Bueyón Carvajal y yo arribamos a Ciudad Trujillo, por orden de quienes dirigían el 14 de Junio desde la cárcel, el 13 de agosto de 1961. La lucha ha cambiado, nos dijeron y nosotros cumplimos la orden.
Dos días después era el gran mitin (el primero) del 14 de Junio en Santiago. Me apresuré a asistir y me confundí con el numeroso y entusiasta público.
En un momento, sentí que alguien me miraba con cierto aire de clandestinidad, escondidas sus facciones con una cachucha y unos espejuelos. ¡Era nada más y nada menos que Víctor (Vitico) Bisonó. Comprendí que no quería acercarse a mí ni que yo me identificara en público con él.
Unos días después nos encontramos en la calle Pina, de Ciudad Trujillo, en una reunión clandestina.