Respondiendo al ¿Por qué? (segunda parte)

En la entrega anterior de este espacio que comparto con los lectores todos los meses, respondía a la interrogante de por qué me uní y más aún por qué decidí permanecer en el Partido Reformista Social Cristiano. En esta ocasión, quiero aprovechar para responder otra pregunta que durante los últimos meses se ha vuelto obligatoria en muchos escenarios. Me refiero a la pregunta de por qué junto a demás compatriotas decidimos emprender un proceso de lucha por renovación de la estructura partidaria.

Durante las últimas dos décadas, el partido ha sido dirigido por distintas combinaciones de las mismas personas las cuales, antes que logros, han cosechado importantes reveces para la organización ya sea a través de divisiones, pérdida de credibilidad, rumbo político zigzagueante que se traduce en imagen de partido sin norte, ausencia de procesos internos reales o sectarismo que nos aleja de los segmentos de la sociedad que estamos dispuestos a representar. Los reformistas comúnmente repetíamos en campaña: “Por sus frutos les conoceréis” y eso debe aplicar igual para quienes han casi monopolizado la dirección orgánica de esta institución partidaria.

Contrario a lo que pudieran pensar algunos, aquí no hay un enfrentamiento personal pues somos los primeros en reconocer que todos nuestros compatriotas son valiosos y tienen algo que aportar, pero esto debe ser en base a sus fortalezas y por ende pedimos rendición de cuentas junto al relevo.

Además de preguntarme el porqué decidimos luchar, muchas personas me dicen que me olvidé de ello, que estoy afectando mi propia imagen al entrar en una pelea que por supuesto, como suele ocurrir en política, traerá fuertes embates. A ellos les digo que tienen razón pues quien se mantiene alejado de las controversias en busca de preservar su propia imagen, saldrá con las manos limpias, pero también con las manos vacías. Y en este caso, las manos vacías equivalen a perder el partido al que tantas personas le han dedicado su vida, que ha sido la plataforma de las más grandes realizaciones y que las nuevas generaciones esperan de una señal seria para darle nuevamente su confianza. Sería permitir que continúe por el camino que nos ha llevado a la pérdida de confianza en nosotros mismos y al abandono de la vocación de poder.

Al lector independiente y al que milita en otros partidos, les digo además que esta no es una lucha únicamente por un partido. Los vicios que he descrito, con sus obvias diferencias, se repiten en la totalidad de la partidocracia tradicional y amenazan la supervivencia de nuestro sistema de partidos. Un sistema que languidece, pero que debe ser reformado y no eliminado. Esta no es una coyuntura meramente reformista y mucho menos personalista. Es quizá la primera de las grandes citas que deberán tener todos los partidos para expresarle a la sociedad que están dispuestos a ser los grandes intérpretes de sus anhelos y no meras maquinarias electorales. Confío estar del lado correcto de la historia impulsando el paso al siglo XXI que nuestros partidos debieron dar hace ya mucho tiempo.

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