Sigamos pensando juntos como construir un futuro mejor

Nuestra dirigencia política es fruto de la forma en que votamos y de esa misma cultura caudillista y populista que prima en nuestra sociedad. Por ello, es difícil que el cambio venga de ella; ya que siempre serán pocos los que, desde la política, propenderán verdaderamente a una mayor institucionalidad. Por el momento, esto último “no paga” electoralmente y, mucho menos, en términos de los “beneficios” que se pueden obtener estando en el poder. Creo que la “calidad” de nuestros políticos mejorará en la medida en que nosotros mejoremos como ciudadanos.

El problema es cómo cambiamos esa cultura que nos lleva a una continua decadencia institucional y, por ende, de nuestra calidad de vida. En ese sentido, todos tenemos responsabilidad; pero es mayor la de aquellos que tienen más posibilidades o medios. Por eso, en la frase que propuse, solamente menciono a la dirigencia empresarial, intelectual y profesional; ya que son los que pueden colaborar en mayor medida a construir una verdadera democracia republicana. Sin embargo, es cierto que, hasta ahora, quedan muchas dudas de que estemos asumiendo un compromiso real en ese sentido.

En el caso de la dirigencia empresarial, ha aceptado con sumisión la mala imagen que se le ha construido; lo cual ayuda a consolidarla. En los países que progresan, los hombres de negocio son el sostén de las usinas que generan las ideas que impulsan la libertad y el desarrollo. Lo hacen porque asumen su responsabilidad cívica o porque saben que esa es la forma en la que maximizarán el valor de sus empresas. Sin embargo, en nuestro país prima la visión de corto plazo. Entonces, algunos buscan la ganancia rápida aprovechando el buen momento y la cercanía con el poder. En el caso de serle un escenario adverso, tratan de defenderse evitando “sobresalir” y enojar a quiénes los perjudican desde el ejercicio de cargos públicos. Una muestra de ello son los comentarios y temores de “castigos” de quienes, habiendo sido invitados, no asistieron a la reunión presidencial en la que se presentó el informe de Papel Prensa.  Ahora, ¿es razonable que quienes tienen semejantes “espaldas” tengan miedo de priorizar sus valores y su dignidad?

Por el Lic. Aldo Abram, director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (CIIMA-ESEADE)